viernes, 5 de abril de 2013



El más grande general romano. Publio Cornelio ESCIPIÓN, el africano

 De los grandes generales de la antigüedad ( Ciro, Alejandro, Chandragupta, Qin Shi Huang, Anibal, Escipión, Mario, César, Augusto, Trajano…) solo dos se enfrentaron directamente: Anibal y Escipión.

Escipión ha sido el único gran general que tuvo un rival a su altura, por lo que su mérito no reside en la conquista de grandes territorios, que también, sino en la derrota de un genio militar.







La familia Barca había conquistado el sureste ibérico y consolidado un territorio rico en materias primas, víveres y guerreros. Anibal gestionó aquellos recursos con maestría, para derrotar a cuantos ejércitos romanos enfrentó. Fue audaz al cruzar los Alpes con su ejército y sorprender así a los romanos en la propia Italia, supo sumar a su causa a algunos enemigos de ROMA y venció a los previsibles generales romanos. 




Pero no calculó tres circunstancias que, finalmente, le llevaron a la derrota. La estrategia del cartaginés no pasaba por asediar y arrasar Roma, sino por derrotar sus ejércitos y poner en rebeldía a toda Italia contra sus opresores ( algo similar al apoyo recabado por Cortés por parte de los enemigos de los Aztecas ). No contó con la romanización de los italianos conquistados ni con la tenaz resistencia romana pese a las sucesivas derrotas. No quemar el senado resultó un gran error pues Italia se aferró a Roma y no se sublevó. La nobleza cartaginesa no deseaba la destrucción de ROMA, solo su declive, ni deseaba un general victorioso con ínfulas de tirano, por lo que Anibal pudo contar con Cartago Nova, pero no con Cartago. Grave carencia. El tercer imprevisto resultó ser Escipión. ¿ Quién podía imaginarse que entre los romanos había un líder militar tan grande como Anibal ? Nadie.

La familia patricia de los Escipiones había sufrido las derrotas romanas ante los cartagineses, como el resto de los romanos. El padre de Escipión casi resultó apresado en Ticino, el propio Escipión tuvo que huir de Cannas, y su padre y su tío murieron combatiendo a los cartagineses en Hispania.

Precisamente el desastre en Hispania, tratando de cortar el abastecimiento de Anibal, unido al previo desastre en Italia, hizo que Escipión tuviera la oportunidad de comandar un ejército, pese a su falta de edad legal y de experiencia militar. Nadie, literalmente nadie, quería suceder a los caídos Escipiones, en el gobierno de la derrotada Hispania ( costa nororiental de iberia ), desmoralizada, en inferioridad de fuerzas y sin apenas aliados íberos. La orden de atacar las bases cartaginesas íberas se cambió por la de defender la Hispania romana, para el Proconsul Fabio Máximo y su joven general Escipión.

La necesidad romana, su impulsiva oratoria y la simpatía del pueblo ante el sacrificio de su familia, le habían proporcionado un ejército, pero nada de eso le iba a servir para derrotar a un solo cartaginés.
 
Escipión evaluó rápidamente la situación en Hispania y comprendió que era Cartago Nova la pieza clave del poder cartaginés en Iberia. Allí estaba el único puerto íbero capaz de albergar una gran flota, allí estaban los rehenes íberos que aseguraban el apoyo de las tribus íberas al poder cartaginés, allí estaba el más importante arsenal y almacén de los cartagineses y, además, se encontraba relativamente desprotegida, pues nada temía de las derrotadas Italia e Hispania.

Escipión razonó: con la caída de Cartago Nova, la conquista de Iberia se hace posible y con ella el desabastecimiento de Anibal. Entonces Anibal combatirá en creciente desventaja o saldrá de Italia hacia Iberia o Cartago, es decir, hacia mí. Acercamiento indirecto.

Escipión había aprendido estrategia, no de su padre, sino de Anibal. Defendía a su patria y vengaba a su familia, pero sin obcecación. Iba a vencer a Anibal e iba a mirarle a la cara, pero no hoy, hoy empezaba el camino que le conduciría ante su enemigo y el primer paso era hacia el sur, hacia Cartago Nova...



Cartago Nova distaba unos 280 kilómetros de la frontera hispana, así que una acción sorpresa iba a requerir marchas forzadas. Y así se hizo. En una semana, 25.000 infantes, 2.500 equites y 36 navíos se presentaban ante las murallas de Cartago Nova, para pasmo de sus habitantes y escasa guarnición ( 209 a.C. ). Magón, gobernante de la ciudad, mandó inmediatamente emisarios en busca de socorro, pues sabía que sus 1.000 mercenarios y 2.000 vecinos armados no contendrían mucho tiempo a los romanos. Escipión envió la flota al sur, para bloquear el puerto y sus 16 naves, emplazó su campamento en terreno elevado y lo protegió con foso y empalizada, pero no se dedicó a construir un cerco de asedio a la ciudad. Su conquista sería rápida o no sería.






Había que esperar a la marea baja, que facilitaría el acercamiento, y cuando esta llegó, empezó la acción. Los romanos se acercaban por todas partes, pero el principal contingente se dirigía directamente a la puerta principal por el istmo que unía la ciudad al continente. Magón organizó una salida que retrasara el asedio. En el istmo, la superioridad romana se transformaba en impedimento y cerca de las murallas, los proyectiles no llovían, jarreaban. El ataque en la periferia resultó disperso y escaso, por lo que las escalas fueron rechazadas por los defensores. Escipión ordenó la retirada en formación de las tropas frente a la puerta principal y atrajo a los cartagineses a campo abierto, lejos de las murallas y cerca de los refuerzos romanos. Poco a poco se iba imponiendo la infantería romana hasta que, en un momento dado, los cartagineses huyeron desbandados hacia la seguridad de la ciudad, pisándose unos a otros y atorando las puertas de la ciudad con sus trompicones y caídas. Los romanos masacraron a los caídos junto a las puertas que, literalmente, no podían cerrarse debido a los cadáveres. Con todo, Magón reagrupó sus fuerzas frente a las puertas y lanzó todo lo que tenía desde las murallas. Escipión se retiró y los cartagineses consiguieron cerrar las puertas.

Magón, pese a que su salida casi acaba en desastre, había ganado tiempo y la ciudad permanecía intacta. Era cuestión de tiempo que llegase el socorro. En esto debía estar pensando cuando Escipión lanzó un inmediato y mayor segundo ataque, con todas las reservas del campamento y desembarcando las tropas de la flota romana. El propio Escipión comandaba la tropa que se acercaba a la puerta principal en formación de tortuga. El ataque en las murallas estaba, ahora sí, siendo eficaz, pues había más atacantes y menos defensores, y en las torres de la puerta principal apenas quedaba nada que arrojar a los romanos. Estos, destrozaron las puertas y entraron en tropel dispuestos al saqueo de la ciudad. 







Rotas las defensas exteriores, Magón se rindió sin más y Escipión detuvo el pillaje. Cartago Nova era romana y desde la ciudad, iba Escipión a organizar la conquista de la Iberia cartaginesa.

Escipión sabía que los cartagineses controlaban su territorio gracias al apoyo de las tribus íberas que tenían rehenes en la ciudad, por lo que les liberó y repatrió cargados de regalos. Con este gesto magnánimo, consiguió apoyo logístico y militar, al tiempo que debilitó a sus enemigos. 







Increíblemente, un joven general romano, desobedeciendo las órdenes del Senado, ha tomado la ciudad de Cartago Nova y, contra todo pronóstico, acaba de proporcionar a ROMA la primera victoria determinante en la segunda Guerra púnica. 
Guerra en la que acaba de cambiar la dirección del viento…


Asdrubal Barca había perdido su capital en Iberia, buena parte de sus aliados íberos y, lo que era más grave, la iniciativa. Si bien, pese a estar a la defensiva, aún tenía un poderoso ejército y mejor conocimiento del territorio.

Escipión organizó la metódica conquista de las ciudades cartaginesas hasta que Asdrubal presentó Batalla en Baecula ( 208 a. C. ). 


Asdrubal estaba aguardándole en una posición elevada dentro de un valle y esperando refuerzos. Escipión bloqueó la salida del valle, para evitar la ayuda externa de los refuerzos y cortar una posible huida de Asdrubal, y cargó con sus tropas ligeras contra el centro púnico. Las tropas ligeras cartaginesas lanzaron sus proyectiles y chocaron contra los romanos, quienes se impusieron en el cuerpo a cuerpo, haciendo retroceder a los púnicos hasta la retaguardia de su infantería pesada.


Escipión había ocultado, hasta el último momento, a la mayoría de su infantería pesada, que ahora atacaba ambos flancos cartagineses con Cayo Lelio comandando el ala derecha y el propio Escipión la izquierda, en una maniobra envolvente en tenaza.


Asdrubal asumió que se trataba de una escaramuza y mantuvo firme su centro. Cuando comprendió la gravedad de su situación organizó una retirada ordenada, bien apoyada por la caballería, que le permitió escapar con gran parte de su ejército y suministros, pese al bloqueo romano del valle. A ello contribuyó el saqueo del campamento cartaginés al que se dedicaron los romanos, que distrajo el acoso a los cartagineses.

Victoria romana y vía libre para conquistar el valle del Guadalquivir. Al batir la resistencia cartaginesa en la batalla de IIipa ( 206 a.C. ) y conquistar la última ciudad importante de los púnicos, Gadir, acababa el dominio cartaginés en Iberia.

Asdrubal huyó hacia Italia, para encontrarse con Anibal, su hermano, pero fue interceptado en Metauro, batalla en la que perdió la vida y la cabeza, lanzada al campamento de Anibal, quien entendió nítidamente el mensaje: Derrota en Iberia. Se acabaron los refuerzos. Has perdido. Es solo cuestión de tiempo.

Escipión regresa a Roma, es nombrado Cónsul, Procónsul y gobernador de Sicilia y se dedica a preparar un ejército para la invasión de Cartago. Tras Hispania, ahora ROMA llevará la guerra a África. Sigue Anibal en Italia, pero a la defensiva. Escipión le está ganando la guerra con la misma audacia con la que él había cruzado los Alpes. 

Escipión desembarca en África y Cartago, tras las primeras derrotas, solicita la paz. Durante las negociaciones, Cartago reclama a su mejor general para defender la ciudad y Anibal ( y su ejército de 16.000 hombres ) abandona Italia para siempre. Gran suspiro en Italia y todas las miradas sobre Escipión.

La hora de la verdad para los dos generales más grandes de su tiempo se llamó Zama ( 202 a.C. )…








 Anibal contaba con 39.000 efectivos, pero solo los 16.000 veteranos de Italia estaban a la altura de las legiones de Escipión. Además, Escipión había conseguido el apoyo de la caballería númida de Massinisa, lo que decantaba a favor del romano el equilibrio de fuerzas.

El general cartaginés dispuso sus tropas inteligentemente, siempre calculando cómo evitar la superioridad de la caballería númido-latina. Necesitaba decidir la contienda con su infantería, atrayendo a las legiones hacia sus veteranos de Italia al estilo Cannas, mientras los elefantes estorbaban a la caballería romana y su propia caballería se dejaba perseguir por la de Escipión para sacarla de la batalla.

Escipión había estado en Cannas y sabía cómo aprovechar la superioridad de su caballería, así que no cabía la sorpresa.

Los elefantes estorbaron, sí, pero a los propios cartagineses, pues los romanos, tras haberles dejado pasar la primera línea del frente los asaetearon hasta la vesania, dejándolos luego escapar hacia los cartagineses a modo de estampida. Fiasco total púnico.

La caballería cartaginesa, no pudo ni contener ni separar a la númido-latina de Massinisa y Lelio, tan solo alcanzó a dejarse masacrar con rapidez, dejando expedito el camino hacia la retaguardia púnica.


Los mercenarios y cartagineses contuvieron la embestida romana por el centro del frente, para luego arrastrar a las legiones hacia los veteranos de Italia. Ahí se igualó la lucha, con riesgo para los romanos de entorpecerse entre ellos en el centro del ataque. Entonces Massinisa y Lelio atacaron con furia la retaguardia cartaginesa y se decidió la batalla. Victoria de Escipión, fin de la segunda Guerra Púnica, derrota de Anibal, dominio romano del mediterráneo occidental, nacimiento de la primera superpotencia europea.

Anibal se rindió y tiempo después, escapó, pero a su derrota logística en Italia, ahora añadía la derrota en el campo de batalla en África. Le aguarda un futuro de huida, derrotas menores como mercenario de los enemigos de ROMA y el suicidio, para no ser entregado a los romanos.

Escipión retornó como héroe a ROMA, donde fue senador. Su hermano menor Lucio Cornelio fue nombrado general para luchar contra Antioco III y él le acompaño en calidad de legado. En la batalla de Magnesia, ROMA se impuso a Antioco III, asesorado por Anibal. De regreso a Roma, su hermano fue apresado acusado de malversación de los fondos de la campaña y Publio.C. Escipión negoció su liberación a cambio de desterrarse de Roma, en Campania. Allí murió.

Delenda est Carthago, así concluía sus discursos Catón el Viejo, independientemente del tema del que versasen, como recuerdo permanente de la obligación inconclusa de ROMA de limpiar la ofensa y la humillación, por los púnicos infligida.


Será Publio Cornelio Escipión Emiliano Africano, conocido como Escipión el joven, hijo adoptivo del hijo mayor de P.C. Escipión, quien arrasará, incendiará y salará las ruinas de Cartago, finalizando la tercera Guerra Púnica.

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